jueves, 1 de septiembre de 2016

Un Gobierno que no rinde cuentas.


Pese a que en México está consagrada la división de poderes desde nuestro nacimiento como país independiente, en la práctica el Poder Ejecutivo, ya sea como Imperio o como Presidencia, ha sometido a los demás poderes de la Unión. Esta situación ha contado con pequeños lapsos de tiempo excepcionales, precisamente en los años en que de acuerdo a autores como Pedro Salmerón (2016) ha habido Democracia en la historia nacional: 1861-1863, 1911-1913 y 1997-2003, lo cual confirmaría lo dicho por Locke sobre la división de poderes quien aseguró que es un sistema que frena al poder tiránico.

Lo anterior viene a cuento porque creo que México se encuentra en un franco retroceso democrático a partir de la firma del Pacto por México de Enrique Peña Nieto. El actual Presidente de la República se ha encargado de erosionar la confianza de los ciudadanos en las instituciones y su caída de popularidad arrastra al resto del sistema político mexicano.

Una muestra del daño que Peña Nieto le ha hecho a los esfuerzos democratizadores es el formato elegido para su Cuarto Informe de Gobierno: una plática con 300 jóvenes seleccionados por entidades gubernamentales transmitido a través de redes sociales. En los países democráticos, el Poder Ejecutivo se encuentra bajo un constante escrutinio por parte del resto de los poderes. En el caso de los países con formas de gobierno parlamentarias, el Primer Ministro o Presidente del Gobierno, como le debe el cargo a los Diputados que lo han elegido, tiene que rendir cuentas constantemente al Parlamento acerca de lo que hace. Hago una pausa para abundar al respecto: rendición de cuentas no es que el Gobierno le diga a los ciudadanos que hace, sino que explique cómo y por qué hace lo que hace a la autoridad encargada de vigilarle (O'Donnell, 2002).
Comento lo anterior porque últimamente distintas organizaciones de la sociedad civil han malbaratado el término al volverlo un sinónimo de transparencia.

En los sistemas de gobierno parlamentarios, la "accountability" es mucho más frecuente, lo cual es obvio: como el Primer Ministro fue electo por una Asamblea de 350 miembros en España o 650 en el Reino Unido, es relativamente sencillo reunir a los miembros del Parlamento una vez a la semana para que estos hagan preguntas al titular del Gobierno acerca de su trabajo. En los sistemas de gobierno presidencialistas, el asunto es muchísimo más complejo: como el Presidente de la República es electo por el voto directo del pueblo, el titular del Poder Ejecutivo puede fácilmente asumir que no tiene por qué rendirle cuentas directamente al Congreso más allá de lo que exija la Constitución y se limita a un simple discurso anual en el que en teoría entra en contacto con el pueblo que lo eligió, dejando de lado al resto de los Poderes de la República, y como quien lo eligió fueron 19 millones de electores (en el caso Peña Nieto) y reunirlos en un sólo lugar es algo imposible, la opción del mensaje televisivo se vuelve la única factible.

Lo anterior es lo que ha pasado en México: a partir del sexenio espurio de Felipe Calderón, el Presidente en turno no le rinde cuentas a los representantes populares (Diputados) ni a los representantes territoriales (Senadores), únicamente entrega un informe escrito y si existen dudas quienes las resuelven son los Secretarios de Estado, es decir, tenemos un Poder Ejecutivo que no le rinde cuentas a nadie, donde nuestros representantes ante el Congreso de la Unión tiene que clamar por un Derecho de Audiencia cual monarquía feudal para poder verle y donde la decisión de comparecer ante las cámaras televisivas (cuyos conductores nadie ha elegido) depende única y exclusivamente del Presidente.

En estos tiempos donde la figura presidencial se encuentra tan desgastada, urge replantearnos si el modelo presidencialista puede seguir siendo útil a México, En lo personal soy de la idea de que el presidencialismo se encuentra totalmente agotado al igual que el resto del régimen y por ende urge tener una nueva forma de gobierno donde el Presidente esté obligado a responder por sus actuaciones a una Cámara verdaderamente representativa. En 1988 el Frente Democrático Nacional señaló que el autoritarismo priísta no tenía solución ya que el presidencialismo tiende naturalmente al autoritarismo, por eso en lugar de proponer reformarlo propuso eliminarlo y que México adoptara el sistema semipresidencialista como forma de gobierno. Tal vez es tiempo que las fuerzas democráticas vuelvan a plantear esta alternativa si es que no queremos seguir teniendo Presidentes incontestables, imperturbables y francamente, infumables. 



Referencias:

  • O’Donnell,G (2002), “Acerca de varias accountabilities y sus interrelaciones”, en Peruzzotti, y Smulovitz, Controlando la política. Ciudadanos y medios en las nuevas democracias latinoamericanas, Temas, Buenos Aires.
  • Salmerón, Pedro (2016) ¿Demócratas? en La Jornada, 3 de mayo de 2016, recuperado de: http://www.jornada.unam.mx/2016/05/03/opinion/016a2pol

4 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Y el Parlamentarismo es la mejor opción? España es ejemplo de que no se generan acuerdos por la voluntad de Rajoy.

Pablo Yáñez Placencia dijo...

En el Parlamentarismo si no hay acuerdos se pueden convocar a elecciones que modifique la correlación de fuerzas y facilitar esos acuerdos, en el Presidencialismo no hay manera de modificar la actuación del Presidente.

Anónimo dijo...

La prevalencia del Parlamentarismo o de más contrapesos no implican que los jefes de gobierno no sean perversos y malvados. Ejemplos: España y Venezuela. Te hace falta vislumbrar entre leyes y realidad, chavo.

Pablo Yáñez Placencia dijo...

Venezuela no es un sistema parlamentario, te equivocaste de ejemplo.

En España se le puede cuestionar directamente al Jefe del Gobierno, aquí ni a eso llegamos.